lunes, 8 de diciembre de 2014

EQUILIBRIO

EQUILIBRIO


El equilibrio es definido por el diccionario Pequeño Larousse (que de pequeño no tiene nada) como el estado de reposo de un cuerpo, resultante de la actuación de fuerzas que se contrarrestan. También es definido como Armonía, combinación adecuada entre cosas diversas. De estas definiciones podemos inferir, por ejemplo, que el Universo está en equilibrio como resultado de las múltiples interacciones de las fuerzas de gravedad de millones de cuerpos celestes. Podríamos agregar que en nuestro planeta existen varios equilibriosistemas, (perdónenme el neologísmo) entre los cuales está el de las placas tectónicas, o el del magma del interior de la corteza terrestre, o el de la biodiversidad, solo para ilustrar el punto que explicaré a continuación. Cuando por alguna circunstancia, fortuita o provocada, las fuerzas que mantienen la armonía o ese estado de reposo, que a mi entender y según lo inferido, es un estado de estrés donde las diferentes fuerzas actuantes han logrado el punto justo de presión de cada una de ellas de modo que el sistema está en una situación de calma, una de esas fuerzas actuantes, uno de esos vectores de fuerza, aumenta su presión, la disminuye o desaparece, evidentemente desaparecerá el equilibrio, la armonía, y vendrá el caos. En el caso de nuestro planeta, las fuerzas que permanentemente obligan a las placas tectónicas a moverse en su sempiterno lecho, las llevarán a chocar unas con otras lo que genera los temblores, los terremotos, con sus consecuencias que podrán ser más o menos trágicas, dependiendo de lo poblado del sitio, de las tecnologías empleadas en la infraestructura y en lo preparada que se encuentre la población para enfrentar el desastre. Cuando la presión interna del planeta se incrementa, el magma, para liberar esa fuerza, busca salidas en la corteza y surgen los volcanes, con sus consecuencias nefastas para la población. Y así, cada sistema en equilibrio, al fallar una de las fuerzas que se contrarrestan, generará, inevitablemente, un desastre. Al adentrarnos en la sociedad humana, haré un símil con la naturaleza, apoyándome en el Leviatán de Hobbes, quien concluye que para evitar la inevitable guerra del hombre contra el hombre, es decir, de mantener un equilibrio societal, debe existir un poder que surja de un contrato entre los hombres para que pueda existir la paz, o sea el equilibrio de los deseos de cada hombre frente a cada uno de sus semejantes. En Rousseau en su obra El Contrato Social, quien concreta al exponer que para que exista dicho equilibrio, los individuos deben ceder a su instinto natural y establecer un contrato donde admitan la existencia de una autoridad y de unas normas que mantengan ese equilibrio y a cambio, se le otorgan a todos los mismos derechos y deberes. Ese equilibrio es propuesto por Montesquieu en su teoría de la separación de los poderes, que en mi humilde criterio, no es ninguna teoría sino la extrapolación del equilibrio de la naturaleza, adaptado a la condición humana, donde deben existir fuerzas políticas diversas, actuando cada una con su presión apropiada, de manera que el estrés armónico se sostenga y pueda mantenerse. En nuestros aciagos momentos actuales, la sociedad venezolana está presenciando como se han trastocado alevosamente las fuerzas del poder que mantienen el equilibrio societal, con la intención aviesa del interés personal y de un grupo, incrementando los privilegios de ese grupo en detrimento del resto de la sociedad, rompiéndose el pacto que mantenía el tejido social, por lo que inevitablemente se llegará a la ocurrencia de un enfrentamiento, un desastre de consecuencias incalculables. Pero siempre, al final, se establecerá otra forma de equilibrio. Lo desconocido es cuanto nos costará en vidas, recursos y tiempo y que tipo de equilibrio resultará.

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